Se sentó en el filo de sus emociones y experimentó la encrucijada del pasado, el vacío de lo que pudo ser con el mínimo arrepentimiento, entonces escuchó la voz susurrante: no fue tu culpa.
Todo su ser volvió a temblar en una maldita agonía de un recuerdo efímero, despertó del trance y le respondió: tal vez no…pero lo será si cometo otra vez el mismo error.
Se levanta, camina y se va, a lo que todos llaman: seguir viviendo…